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Lunes, 07 Diciembre 2015 21:15

Transición de la escuela al trabajo en América Latina

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Nuevos sectores tecnológicos: el "internet de las cosas", el surgimiento de la "economía compartida", la ruptura de la relación empleador-empleado tradicional, están transformando profundamente nuestras economías. Pero los sistemas educativos no están enseñando las habilidades que necesitará la siguiente generación.

Los sistemas educativos de América Latina se enfrentan a grandes retos. La educación superior sigue estando al alcance de una minoría y se necesita desesperadamente una mejor educación de la primera infancia, dado que nuestras habilidades cognitivas más fundamentales se desarrollan en los primeros años de vida. La región es asaltada por escuelas de mala calidad, a todos los niveles, especialmente para las personas vulnerables de las comunidades de bajos ingresos.

Sin embargo, un área que no recibe suficiente atención es cómo transitan los alumnos desde el aula al mercado laboral. Los expertos han señalado que hay una desconexión persistente entre la educación y el mercado laboral en la región. Nuevos sectores tecnológicos: el “internet de las cosas”, el surgimiento de la “economía compartida”, la ruptura de la relación empleador-empleado tradicional, están transformando profundamente nuestras economías. Pero los sistemas educativos no están enseñando las habilidades que necesitará la siguiente generación.

La situación es grave. Unos 55 millones de latinoamericanos no tienen un diploma de secundaria y casi la mitad de todos los alumnos abandonan cada año el sistema educativo. A pesar del subempleo, los empleadores tienen dificultades para contratar suficiente mano de obra cualificada, lo que limita el potencial de crecimiento de la región. Para casi el 36 por ciento de las empresas latinoamericanas, la falta de mano de obra cualificada es su principal obstáculo para la expansión, según una investigación realizada por el Banco Mundial.

¿Cómo podemos cambiar la dialéctica sobre la educación? La respuesta va más allá de la política electoral y se cierne a cómo involucrar a una coalición que incluya a líderes empresariales, sociedad civil, familias y los medios más diversos. La reforma más profunda requerirá la presión de abajo hacia arriba de una franja más amplia de la sociedad, junto con una sabia dirección de nuestros líderes políticos.

Empresas como la de fabricación de Tenaris, con su Universidad Tenaris, la suministradora argentina de electrodomésticos Frávega y el conglomerado de chocolate colombiano Casa Luker, son ejemplos de empresas involucradas, en parte a causa de su propia escasez de trabajadores cualificados. Luego están las organizaciones filantrópicas como Pathways to Progress (Caminos para el progreso) de la Fundación Citi, la Fundación Corona de Colombia y la Fundación Compartamos en México.

Los gobiernos también están explorando nuevas formas de incentivar la reforma educativa. Las agencias públicas como el Servicio Nacional de Aprendizaje de Colombia (SENA), El Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (SENAI) de Brasil, el Colegio Nacional de Educación Profesional y Técnica (CONALEP) en México y el Instituto Nacional para el Desarrollo Técnico y Profesional (INFOTEP) en la República Dominicana están invirtiendo millones de dólares en la formación de profesionales.

El esfuerzo para alinear mejor los programas escolares con el mercado de trabajo es fundamental, pero su éxito dependerá de una serie de reformas relacionadas. Los gobiernos deben evaluar con mayor eficacia los proveedores de educación privados y garantizar un nivel básico de calidad asumiendo medidas enérgicas contra las escuelas que fracasan. Ha de fortalecerse la formación al profesorado e implementarse programas de ayuda para la reinserción al mercado laboral de desempleados de larga duración.

Sin embargo, aun con todas estas iniciativas, el gran reto sigue siendo la falta de información acerca de los pros y los contras de muchas carreras profesionales que compiten en las ofertas educativas. Por lo general, el “retorno de la inversión” de los diversos tipos de educación no está nada claro para la mayoría de los alumnos. Esta opacidad es especialmente cierta en la educación técnica y formación profesional.

Decidir una carrera es una de las opciones más importantes que las personas hacen en el transcurso de toda su vida. Sin embargo, aún sabemos poco sobre cómo los alumnos deben canalizar sus talentos, o el potencial de ingresos a largo plazo de sus opciones. La mayoría de ellos tienen poco conocimiento sobre las industrias a las que aspiran entrar. Las tecnologías que fomenten la transparencia y permitan el crowdsourcing de los datos de la carrera cuentan con un largo recorrido para hallar soluciones

Pero la cuestión más profunda que sustenta esta incertidumbre es la naturaleza fundamentalmente imprevisible de los cambios económicos en curso. Tal y como el empresario de Silicon Valley, Martin Ford, escribe en su reciente libro Rise of the Robots, las oportunidades económicas del futuro “no se desarrollarán necesariamente de manera uniforme ni predecible.” De hecho, Ford advierte que “mucha gente va a hacerlo todo bien, al menos en cuanto a la búsqueda de la educación superior y la adquisición de habilidades se refiere y, sin embargo, seguirá sin encontrar un punto de apoyo en la nueva economía.”

En otras palabras, nadie puede predecir el futuro, sobre todo porque la tecnología y las industrias destruidas y creadas por el camino han avanzado a un ritmo exponencial. El camino hacia una fuerza de trabajo competitiva no radica en tratar de predecir lo impredecible, sino más bien en el desarrollo de ciudadanos capaces de adaptarse constantemente, impulsados por la curiosidad, la creatividad y el hambre de seguir aprendiendo. Sólo entonces nuestros alumnos estarán verdaderamente preparados para lo que está por venir.

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